Steve Jobs moría en octubre de 2011 luego de una larga lucha contra el cáncer. Cuentan que sólo un día antes, en pleno lanzamiento del nuevo iPhone 4S y probablemente desde su cama, el hombre discutía telefónicamente con Tim Cook, CEO de la Apple post Jobs, acerca del nuevo producto de la compañía que acaso nunca conseguiría ver. La vara para su sucesor, fijada en lo más alto.
Meses antes de que falleciera su cofundador, el liderazgo de una de las compañías tecnológicas por excelencia recayó en el por entonces ejecutivo operativo de Apple, quien debió hacer frente a un panorama incierto acerca de su futuro y una ponderación en jaque en la pelea de gigantes por ser aquel que imponga las bases del futuro inmediato. Su desafío: mantener el excepcional moméntum que había alcanzado durante la era Jobs como la compañía tecnológica más grande del mundo.
Y lo cierto es que tras el paso de Jobs, a la compañía no le ha ido nada mal. Inevitablemente, la supuesta acefalía abrió el camino a un sinfín de dudas en el mundo inversor. Pero a falta del mentor, fueron esta vez los balances de la empresa los encargados de disiparlas a fuerza de tinta y crecimientos anuales de dos dígitos. Tres años después, los números no sólo no reflejan desaceleración, sino más bien hasta todo lo contrario: la acción de la compañía se ha apreciado en un 90% desde entonces y hoy Apple es la mayor firma del globo por capitalización de mercado, con US$ 650.000 millones de valor bursátil que relegan en el podio a gigantes como Microsoft (US$ 390.000 millones) y la petrolera Exxon Mobil (US$ 385.000 millones), según la lista del Financial Times Global 500.
Al mismo tiempo, lejos de estancarse, la compañía es cada vez más lucrativa. Sus tiendas, por ejemplo, ostentan el récord de mayores ventas por metro cuadrado de outlet de retail. Y desde la ausencia de Jobs, las ventas netas crecieron un 70%. De acuerdo al último reporte corporativo, bastó con el primer semestre del año fiscal 2014 para recaudar en concepto de ventas un total de US$ 104.000 millones, muy cerca de los ingresos de 2011, íntegro.
Pero resultaría apresurado atribuir los resultados únicamente al ejercicio del nuevo CEO. El legado de Jobs fue, nada más y nada menos, que una compañía plenamente aceitada, con un crecimiento exponencial durante la primera década del milenio gracias al universo creativo que diseñó en forma de iPods, iPads y iPhones, enmarcando lanzamiento tras lanzamiento una tendencia mundial en tecnología a la que luego otras corporaciones se alinearían. Rescató a la compañía de una delicada situación financiera cuando volvió en 1997, y para 2011, ya había superado a su eterno rival Microsoft en valorización de mercado. Jobs, nombrado el CEO de la década en 2009, convirtió -con Cook a su lado como COO- una empresa de pocos dólares por acción en un monstruo de casi U$S 400.000 millones.
Por su lado, Cook es un experto en operaciones y, particularmente, en Supply Chain o Cadena de Abastecimiento. Llegó a Apple en 1998, y fue en parte gracias a él como las ideas revolucionarias que se originaban en la mente creativa de Jobs llegaban a manos de fanáticos en forma de producto terminado. “No es ninguna coincidencia”, señala Adam Lashinsky en su libro Inside Apple , “que a mayor responsabilidad que Cook tomaba en la operatoria de Apple, mayor era el tiempo que Jobs disponía para sus esfuerzos creativos. Despojado de las preocupaciones sobre si el servicio al cliente funcionaba bien o si los outlets recibían el inventario para satisfacer la demanda, Jobs pasó la última década de su vida soñando el iPod, el iPhone y el iPad, y luego promocionándolos”.
Pero el interrogante para el futuro de Apple es, justamente, qué acontecerá ahora que su máximo cerebro creativo ya no está entre sus filas, y la jugosa imagen de marketing que emanaba, sólo un recuerdo. Si bien tanto ingresos, utilidades y capitalización accionaria no han hecho más que subir, lo cierto es que declinan las ventas del iPad -el segundo producto en facturación- y la compañía se ha vuelto prácticamente iPhone dependiente: el smartphone genera más de uno de cada dos dólares que entran en caja.
El mercado parece ya haber tomado una postura y el valor bursátil es prueba de aquello, pero en el porvenir de Apple, la cuestión podría ir más allá de números actuales. Hasta hace unos meses, la sensación era que Apple había estado hasta ahora cosechando la siembra de su genio, al agregar valor por incrementalismo en forma de nuevas versiones de productos ya existentes. En el seno de la compañía californiana han tomado nota: la firma necesita revalidar su título como primer moldeador de futuro y ello requiere de un nuevo lanzamiento revolucionario que exceda los límites de su industria para invadir y redefinir mercados limítrofes para siempre. Al estilo Apple, al estilo Steve Jobs.
Y el día de inflexión de la era Cook podría haber llegado en septiembre último. En el mismo escenario donde el difunto Jobs presentó tanto la Macintosh como el iMac, en un histórico campus universitario de Silicon Valley, el actual CEO develó el Apple Watch, el primer tipo de producto nuevo desde que su predecesor introdujera el iPad en 2010. Aquellos que señalaban la carencia creativa en la compañía entraron en tregua: una computadora en la muñeca con tres diseños distintos (clásico, deportivo y de elite), con un display en pantalla que permite visualizar fotos, comunicarse con otros dispositivos Apple, oficiar de billetera virtual con el Apple Pay o incluso medir el pulso cardíaco con las aplicaciones de salud. Fiel a su naturaleza, también, el artefacto da la hora.
En ese sentido, Cook parece haber respetado una máxima de Apple: la interconexión es condición. “Cuando estás en alguno de los devices de Apple, estás en todos. No sólo van a tratar de reinventar una industria, sino que además intentarán incorporarla al propio ecosistema de negocios que crearon. De esta manera, no sólo están produciéndole al usuario una nueva experiencia, sino que también lo están llevando a su propio universo donde todo está integrado, lo cual le hace proteger mucho su market share e incrementarlo en el tiempo”, señala Gabriel Vidal, director de Criteria Investors.
Para la ocasión, la firma también aprovechó para desplegar los iPhone 6 y 6 Plus, con pantallas más grandes. ¿Más de lo mismo? En el primer fin de semana se vendieron 10 millones de unidades y las expectativas de cara al trimestre que corre oscilan entre 60 y 70 millones, igual cantidad de smartphones que la empresa vendió en todo 2011. Pero quizá más importante, desde un mercado que lidera como el de la telefonía móvil, Apple podría haber redefinido directrices para salir en búsqueda de otro segmento. Según la empresa de análisis de mercado IDC, los envíos mundiales de phablets superarán por primera vez este año a las computadoras portátiles. El término refiere a teléfonos con pantallas táctiles de entre cinco y siete pulgadas, de la contracción entre Phone y Tablet, en inglés. Y serían tendencia dentro de la misma industria: su participación en el mercado mundial de smartphones aumentaría de 14% a 32,2% para 2018.
Pero a pesar de los buenos augurios, sin embargo, si hay algo que no ha cambiado desde la era Jobs es el secretismo. La inversión en capital de la empresa ha aumentado significativamente durante los últimos años hasta alcanzar los US$ 11.000 millones en este 2014. ¿Será el Apple Watch el producto que demandó semejante flujo en investigación y desarrollo o hay algo que se acomoda silenciosamente detrás?
En el mercado se especula con que el reloj podría hacer de puente hacia otra industria: salud. Cuenta el biógrafo Walter Isaacson que cuándo el ex CEO luchaba contra el cáncer en el hospital, un neumólogo le quiso colocar una máscara sobre la cara. Jobs se la arrancó, señalando que tenía un diseño horroroso, y demandó cinco modelos distintos para elegir. El monitor de oxígeno, también, era feo y poco práctico. ¿La última semilla del genio?
La prueba de Apple se aproxima: ¿Alcanzará el Apple Watch los altos estándares inventivos que Jobs les dio a sus predecesores? ¿Creará otra vez un mercado hoy inexistente o invisible en el cuál todos los jugadores querrán entrar después? ¿Habrá Apple efectivamente absorbido la mística del Steve Jobs individuo en un órgano colectivo a rienda suelta? El mercado, al menos, así lo cree.